—Ya iremos un día de éstos á verla.
—Cuando ustedes gusten. (Muchos besos.)
—Adiós, doña Circuncisión.—Adiós, doña Narcisa.—Adiós, niñas.—No me olvidéis, ingratas.—Ven á vernos á menudo. (Siguen los besos.)—¡Hija, qué gruesa te vas poniendo, Carolina!—Es muy precoz esta chica; tiene más pantorrilla que yo.—Lo dicho, y memorias.—¡Agur!...—¡Adiós!...—¡Adiós!...
Los últimos ósculos resuenan en la escalera.
Dejemos en ella á nuestras conocidas, y vámonos á otra parte.
III
—¿Está la señora?
—Creo que sí.
—Pero ¿está visible?
—Debe de estar acabando de vestirse.