Pero doña Narcisa ha concluido su párrafo con su amiga, y quiere marcharse.

—Pon los huesos de punta, Carolina; que tu papá nos estará esperando.

—¡Tan pronto!—exclaman las tres niñas.

—Para vosotras, cuando estáis reunidas, nunca alcanza el tiempo. Otra vez hablaréis más despacio... Vámonos, hija.

Nuevo estrépito en la casa, nueva confusión.

—Conque repito la enhorabuena, y désela usted de mi parte á Mercedes.

—Y de la mía.

—Y de la mía... ¡Que no se te olvide, Carolina!

—Gracias.

—Gracias.