Y tú, mi excelente amigo, el hombre más honrado de cuantos he conocido en este mundo de bellacos y farsantes; tú, cuya biografía, si lícito me fuera publicarla, la declarara el Gobierno como libro de texto en todas las escuelas de la nación; tú, á quien es dado únicamente, por un privilegio inconcebible entre la quisquillosa raza humana, simpatizar con todos los caracteres, y lo que es más inaudito, hacer que todos simpaticen contigo; tú, ante quien deponen sus charoles y atributos ostentosos las altas jerarquías oficiales para hacerse accesibles á tu confianza, eximiéndote de antesalas, tratamientos y reverencias; tú, que no tienes un enemigo entre los millares de hijos de Adán que te estrechan la mano y te piden un fósforo... y algo más, que no siempre te devuelven; tú, en fin, «guantero» por antonomasia, perdona á mi tosca pluma el atrevimiento de intrusarse en tu propiedad, sin previo permiso, para sacar á la vergüenza pública más de un secreto, si tal puede llamarse á lo que está á la vista de todo el que quiera tomarse, como yo, el trabajo de estudiarlo un poco.

Pero no te alarmes, Juan amigo: acaso lo que tú más estimas en el establecimiento, sea lo que menos falta me hace en esta ocasión. En efecto: yo respetaré tus cajas de guantes, tus montones de pieles, tus frascos de perfumería, tus cajones de tabacos, tus paquetes de velas, tus resmas de bulas... toda la enciclopedia industrial que se encierra en el estrecho recinto de la tienda: no colocaré mi huella profana más allá del charolado mostrador. Todo ello te pertenece; todo lo has ganado á fuerza de constancia, de trabajo y de honradez. De guantes, de pieles, de perfumería, de tabacos, de velas, de bulas... de mostrador afuera está lo que yo necesito ahora; y lo que es eso, amigo mío, todo lo voy á echar á la calle, mal que te pese, porque todo me pertenece, como el rubor de una novia á la crítica de sus amigas; todo es del público dominio, como la forma de mi gabán, por más que él me haya costado el dinero.

Conque, supuesto que no he de retroceder ya en mi propósito, dejemos toda digresión impertinente, y manos á la obra.

II

Bajo tres aspectos pudiera, en rigor, estudiarse la Guantería: el monumental, el mercantil y el de círculo charlamentario.

Bajo el aspecto primero, no ofrece gran interés que digamos: conténtese quien lo ignore, que no será, de fijo, de Santander, ni habrá permanecido en esta capital más de veinticuatro horas, con saber que está en la calle de la Blanca; que tiene el número 9 junto á un modesto tablero en que se lee Guantería y Perfumería, en sustitución de otro más lujoso que ostentó hasta no ha mucho con las armas reales, debajo de las cuales se leían estas breves, pero resonantes palabras: Juan Alonso, guantero de SS. MM. y AA.; que al lado de esta sencilla muestra se cierne una mano, ya roja, ya verde, ya amarilla, pregonando con su expresivo bamboleo la principal mercancía del establecimiento; que de las charoladas puertas, plegadas sobre las jambas, penden multitud de cuadros anunciando La Honradez, La Rosario, La Sociedad higiénica, Aceite de bellotas, Expendición de bulas... y tutti cuanti; que el local de la tienda es reducidísimo, y que no hay arquitecto que sea capaz de fijar el orden á que pertenece... ni de meter en igual espacio la cantidad de objetos que encierran aquellos barnizados estantes.

Bajo el segundo aspecto.—He prometido no ocuparme en esta materia; y cumpliendo mi palabra, después de recomendar al público la excelencia de los géneros, paso á considerar el establecimiento.

Bajo el tercer aspecto.—Ésta es su gran fachada, la única que nos importa examinar.

Nada más común en una población de España, la patria clásica de los garbanzos y de los corrillos; nada más común, repito, siquiera cuente veinte vecinos, que un mentidero, ó sea un establecimiento público que sirva de punto de reunión á todos los desocupados. En las aldeas y villas de corto vecindario suelen serlo la taberna, la estafeta ó la botica. En las capitales hay un mentidero por cada barrio, si no por cada calle ó por cada grupo de personas que convengan entre sí en algo, siquiera en la forma del chaleco, ó en la edad... ó en no convenir en nada.

La Guantería de Santander está muy por encima de todos los mentideros del mundo; y así como en su calidad de establecimiento abruma á cuantos, de su mismo género, se atreven á iniciarse á su lado, en su calidad de círculo chismográfico resume todas las tertulias masculinas de la capital. Todos los hombres, todas las edades, todas las categorías tienen su representación en ese centro; para todos hay cabida en la elástica estrechez de su recinto, y, lo que es más extraño, las opiniones más opuestas se miran en él sin arañarse, aunque no sin regañar.