Y doce cuartos para el alguacil.
Item.—Al testigo Andrés del Jaral, por mal nombre tío Merlín, á la multa de dos celemines de maíz para las ánimas, y media azumbre de blanco para los enfermos del lugar, por insubordinación y faltas de mayor calibre al alcalde y demás personas presentes al juicio celebrado el día tantos de tal mes, á las tres de la tarde. (Á Cleto y Merlín.) Y esto no vos lo levanta ni la caridad.
CLETO.—Señor alcalde, yo soy inocente. El señor tiene la culpa de que yo citara á juicio á mi contrario. Yo soy un probe … y ya me había conformado con las razones que el señor me dió en su casa.
MERLÍN.—¡Hola, tunante!; ¿conque me echas la culpa? Señor alcalde….
ALCALDE.—¡Silencio, digo!… (Al demandado.) Está usted servido, caballero.
CLETO. (Al demandado.)—Señor…, por la Virgen Santísima, no me tome enquinia; que me habían dicho que, en josticia, me debía usté levantar la paré y pagarme los daños del güerto.
DEMANDADO.—Lo sé, y de mí no tema usted nada, mucho menos ahora que el señor alcalde ha sabido administrar recta justicia. Y en prueba de que ningún rencor guardo hacia usted … ahí va por los daños del huerto (dándole unas monedas); y yo me encargo de pagar las costas y hasta la multa del señor, que harto castigo es para él su conciencia, si algún día la siente, y el pesar del daño que con su funesta oficiosidad ocasiona á sus convecinos.
CLETO (llorando de agradecimiento).—¡Ah, señor, Dios le bendiga por donde quiera que vaya!
ALCALDE.—¡Bien, canario!… Vengan esos cinco, que también á mí me gustan los hombres de corazón (apretando la mano del demandado). Ya veis, canallas (á los contrarios), la diferencia que va de vusotros á este caballero, que es presona decente.
DON SILVESTRE. (Á su amigo.)—Vales un Perú…. Pero vámonos á casa, porque temo que me voy á ir encima de ese enredador….