De un larguísimo y soporífero prólogo que antecede al entremés, resulta que el Ilmo. Señor don Francisco Javier de Arriaza, primer Obispo de esta diócesis, empleó todos los esfuerzos de que eran capaces su autoridad y su fervor, contra tan profana ceremonia; que su sucesor hizo lo mismo, y que en el púlpito los oradores más afamados trabajaron con incansable celo en la propia obra; pero que todo fué en vano.
La Buena Gloria, cuyo origen se ignora, pero que es antiquísimo según el autor del sainete, y mucho más según uno de sus personajes, que dice, al echar el dinero sobre la capa,
«Ésta es una cirimonia que nuestros tatarabuelos nos dejaron prevenío se observara con rispeto»;
la Buena Gloria, repito, continuó después en toda su escandalosa solemnidad, á despecho de sermones, de anatemas y del entremés citado; atravesó impávida épocas de tirantez é intolerancia, y sin que nada haya podido contra ella, logró aclimatarse en la moderna atmósfera de fósforo y vapor, y aquí existen todavía en uso sus inconcebibles prácticas[10].
FOOTNOTES:
[Footnote 9: En otras copias, que yo no he visto, del mismo entremés, parece declararse ser su autor don Pedro García Diego, vista, que fué, de la real aduana de este puerto.
(Nota del A. en la ed. de 1876.)]
[Footnote 10: No me atrevería hoy á asegurar que se conserve en Santander esta costumbre tan arraigada como aún lo estaba cuando se publicó este cuadro por primera vez; pero tampoco me comprometo á afirmar que se ha desterrado enteramente. (Nota del A. en la ed. de 1876.)]