—¿De onde vienes, tiña?—le preguntó el viejo mareante, abrazando con cariño, pero muy admirado, al aparecido.

—Del departamento—respondió el Tuerto.

—¡Del departamento! ¿Pues no mandaste carta de allá, hace ocho días, para mí á Patuca, que sabe leer y escrebir?

—Cierto.

—Pus ná me decías entonces de venir tan aína. ¿Cómo es eso, tiña?

—Porque al otro día de escribirle á usté se prenunció la gente de la freata.

—¡Tiña! ¿Y tú también?

—No, señor…; pero me vi revuelto en la tremolina, sin saber cómo.

—¿Y á cuántos prenunciaos colgaron de las gavias?

—Á denguno.