—¿Está usted vengándose de mí?

—Líbreme Dios de semejante tentación.

—Es que no veo yo un motivo para que de repente se cambien nuestras costumbres, como usted lo asegura.

—¿No cree usted que solamente el ferrocarril ha de alterar notablemente la fisonomía local de Santander?

—Y á propósito, ¿qué hay de ese proyecto?

—Que ha llegado á ser casi una realidad, y que muy pronto se van á empezar las obras.

—¡Dios quiera que con ellas no se ponga en un conflicto á la población!

—No comprendo….

—Por de pronto ya se nos ha llenado el pueblo de gente extraña…; ¡ay, qué tipos!

—Señora, ingleses muy decentes, la mayor parte, y muy elegantes…. En cuanto al resto de ellos, para trabajadores los encuentro bastante más aseados que los de acá.