—Ahora, hacia abajo …—añade el primero.—¡Oooó, joois!—canturria, luego que el vendedor le ha complacido, para indicarle que pare ya.

—Lo que toca al particular—dice la mujer, á quien no le cabe ya la lengua en la boca,—no tienen tacha. Tocante á eso, no es porque sean míos; pero, como dijo el otro…. Vamos, que son dos perlas.

—Como que los he criao yo en casa—repone su marido;—y éste que se llama Galán, es hijo de la Leona, y este otro, Cachorro, de la Gallarda, dos vacas que, mejorando lo presente, son dos soles.

—Justo, que las vendimos el mes pasao al sobrino del Regioso, con perdón de ustedes, que por aquel pique que tuvo por la cuñá del Mostrenco, que ya con este mote le han de enterrar, por el lindero del prao que le tocó á resultas del cobicillo que encontraron debajo del jergón de su tío, que en santa gloria esté…, y ahí está el mi hombre que no me dejará mentir, que á la verdá que anduvo como una estorneja de acá para allá, ahora que la botica, después que el señor cura, luego que la unción, porque el enfermo daba el ¡ay! que partía el alma, sin que hubiera en aquella casa un mal nacido á quien volver los ojos…, y no se lo tome Dios en cuenta á la que tanto fachendea hoy gracias á los cinco carros de tierra que apañó…. Pues resulta de que….

Á la buena mujer se le va la burra entre tanta maraña, mientras el tío Juan no quita los ojos de la pareja. El comprador mira al perito como si quisiera leer en su fisonomía la opinión que va formando; el vendedor atusa el pelo á los novillos, y los intrusos los ponderan cuanto les es permitido, con objeto, evidentemente, de contribuir á que se cierre el trato y no se pierda la robla.

Después que el perito y el comprador han visto que los animales se plantan bien al caminar, que no se aprietan, que no zambean del cuarto trasero, que son bien encornados y que igualan perfectamente en alzada y color, el primero les mira la boca, les palpa bien los brazuelos y las nalgas para ver si están despicados de algún remo, y les examina escupulosamente las astas por si son estoposas, las pezuñas por si blandean, y los ojos por si tienen nube ó glarimeo.

Hecho este examen, el tío Juan, sin perder un solo rasgo de su gravedad, dice en tono solemne:

—Caballeros, la pareja…, lo que toca á la pareja, no tiene pero. Son dos rollos de cuatro años, sanos como dos corales.

—Pos á mí—añade el comprador,—lo que toca al particular, también me gusta la planta y el aquel de la pareja…. Conque si el señor trae gana de vender, diga, si á mano viene, en lo que estima su hacienda, que yo á comprar he venío.

—Al respetive de eso mesmo—replica el vendedor,—no me quedo yo atrás; que hoy por ti y mañana por mí…, y, como dijo el otro, mortales nos hizo Dios…. Vamos al decir, que si tú traes ganas de comprar, no reñiremos.