—Cabales, que ni al mi hombre ni á mí nos ha perseguido nunca la justicia por embusteros; y cuando vemos que se trata con gente de formalidá y de requilorios….
—Esa es la verdá; y vamos, Antón, á estimar la pareja, como el otro que dice, con equidá.
—Pos la pareja, Ogenio, por ser para ti…, la pareja; que, como ha dicho el señor, no tiene pero; la pareja, y que no vea la cara de Dios si te engaño; la pareja vale treinta doblones[3] como dos cuartos.
—Tú no quieres vender, Antón—contesta con cierto desdén el atildado
Ogenio.
—Ogenio—replica Antón,—tú me ofendes.
—Que te digo que no quieres vender.
—¡Que mal rayo me parta si he venío á otra cosa á la feria! Y sábete que por ese dinero ya no tendría en casa los novillos hace una semana, si los hubiera querido vender…; pero hoy por ser pa ti….
—Pos yo no doy por ellos más que veinticinco doblones.
—Tú no quieres comprar, Ogenio.
—Á eso vine á la feria, Antón…; y si no, que diga tío Juan si me pongo en lo justo.