—Y con muchísima razón. ¿Qué mejor ejemplo? Un señor que vino al pueblo cargado de talegas; que á todos sus parientes ha puesto hechos unos señores; que no bien sabe que hay un vecino necesitao, ya está él socorriéndole; que alza él solo casi todas las cargas del lugar; que corta todos los pleitos para que no se coma la Justicia la razón del que la tiene y el haber de la otra parte, y que no quiere por tanto beneficio más que la bendición de los hombres de bien. ¿Qué más satisfacción para nosotros que ver á nuestro hijo en el día de mañana bendecido como don Damián?
—¡Ay, Nardo!; en primer lugar, don Damián fué siempre muy honrado….
—No viene Andrés de casta de pícaros.
—Después, Dios le ayudó para que hiciera suerte.
—Y ¿por qué no ha de ayudar á Andrés?
—Don Damián fué un señor desde sus principios, y cuando salió de aquí llevaba muchos estudios y sabía tratar con personas decentes…; y había heredado la levita, que esto vale mucho para bandearse fuera de los bardales del lugar.
—¡Bah, bah!…; ríete de cuentos, Nisca, que todos los hombres nacimos de la tierra y tenemos cinco dedos en cada mano.
—Valiera más, Nardo, que en lugar de fijarnos en ejemplos como el de ese buen señor para echar de casa á nuestros hijos, volviéramos los ojos á otros más desgraciados. ¡Cuántas lágrimas se ahorrarían así!… Sin ir más lejos, ahí está nuestra vecina que no halla consuelo hace un mes, llorando al hijo de su alma que se le murió en un hospital al poco tiempo de llegar á la Habana.
—Sí; pero ese muchacho….
—Era tan sano y tan robusto como Andrés, y como él era joven y llevaba buenas recomendaciones. También las llevó el del tío Pedro, y murió pobre y desamparado en lo más lejos de aquellas tierras…. Bien colocado estaba el sobrino del señor alcalde, y malas compañías le llevaron á perecer en una cárcel; y Dios parece que lo dispuso así, porque cuentan que si sale de ella hubiera sido para ir á peor paraje. Veinte años bregó con la fortuna su primo Antón, y, por no morirse de hambre, anda hoy de triste marinero ganando un pedazo de pan por esos mares de Dios. Bien cerca de tu casa tienes al pobre hijo de Pedro Gómez esperando á que se le acabe la poca salud que trajo de las Indias al cabo de quince años de buscarse en ellas la fortuna, para que Dios le lleve á descansar á su lado; pues ya, pobre y enfermo, ni vale para apoyo de su familia, ni para el pueblo, ni para sí mismo, que es lo peor…; y bien reniega de la hora en que salió de su casa….