—¿En la postura que yo digo?
—¡Quiá!; no, señor. Estoy de baile, como iba el domingo cuando usté nos encontró junto á la fábrica del gas.
—Por cierto que no quiso usted mirarme. ¡Como iba usted tan entretenida!…
—¡Si éramos ocho ó nueve!
—¡Pero qué nueve, Teresa! Parecían ustedes un coro de Musas.
—Usté siempre poniendo motes á todo el mundo.
—Es que entre aquellos árboles, y subiendo la cuesta…, ni más ni menos que la del monte Helicona….
—¿Ónde está eso?
—¿Helicona?… Un poco más allá de Torrelavega. El que no me gustó fué aquel Apolo que las acompañaba á ustedes.
—Si no se llama Polo…. Es un chico del comercio.