-Lo supongo. Quiero decir que iba algo cursi. ¡Y ustedes iban tan vaporosas, tan bonitas!

—¡Otra! Si íbamos al baile de Miranda, como todos los domingos.

—Ya oí el organillo.

—Y aquél que nos acompañaba era uno de los que dan el baile…. Y como nos había regalado billetes para todos los de verano en la huerta, y, si á mano viene, nos convida también á los de ivierno, de salón….

—Ya sé que son chicos muy galantes esos empresarios y sus amigos: ellos pagan para que ustedes bailen todo el año gratis.

—Cabal. Y tan buenas somos nosotras como las señoritas que hacen lo mismo.

—Ya se ve que sí.

—Me parece que La Nata y Flor y El Órgano, no tienen nada que envidiar á ningún baile.

—Sobre todo en caras bonitas y cuerpos de sal y pimienta.

—Es que, como usté decía….