—Lo que yo decía, ó iba á decir, es que el ir á un baile no es motivo para que usted deje de saludar en la calle.

—¡Jesús!; ¿qué se diría!

—¿Cómo que «qué se diría»?

—Pues es claro…. ¡Tratarse usté con costuderas!

—Lo dice usted con un retintín….

—No por cierto, hijo; pero es la verdad.

—Pues no hay tal cosa. Yo saludo á todo el mundo en la calle, con muchísimo gusto … y sobre todo á usted.

—Muchas gracias; pero….

—¿Pero qué?…

—Que no le creo á usté, vamos; que usté es muy truhán … y que no me fío de usté, en plata.