—¡Hola!; ¿esas tenemos? ¿Y por qué me teme usted?… De fijo que no será por seductor.
—No por cierto. Es que entre usté y otros como usté, se cuenta lo que es y lo que no es.
—Me hace usted poco favor, Teresa.
—Lo siento, pero yo digo siempre la verdad. Cuando usté pasó el domingo junto á nosotras, íbamos hablando de eso una amiga y yo.
—¿La que iba á la derecha de usted?
—¿Por qué se fija usté en esa?
—Porque me hace mucha gracia: es una rubia saladísima.
—¿Le gusta á usté la Bigornia?
—¿Qué es eso de la bigornia?
—¡Otra!; pues esa chica, que la llaman así.