—Es que á este paso no acabo la camisa en ocho días.
—Mejor: así la veré á usted más veces.
—Y le saldrá á usté muy cara la obra.
—Á ese precio vaya usted haciéndome camisas.
—Pues ya que no regatea usté el tiempo, voy á robarle hoy un cuarto de hora.
—¿Para charlar?…; aunque sea medio día.
—No, señor, para ir á una tienda que está junto á la calle Alta, á comprar … cuatro cuartos de orejones, que me gustan mucho.
—(¡Llévete el mismo Satanás, grosera!)
—Como los trae de Castilla por mayor la tendera, que es amiga mía, da muchos más por cuatro cuartos que en las otras tiendas…. ¿No le gustan á usté?
—¡No!