—¿A que te sangran a ti todavía las cicatrices?—le dijo Sagrario, encarándose valientemente con ella.

—¡Si no me río por eso, extremosa!

—Pues ¿por qué te ríes, prudente?

—Porque, en tu afán de abrir los ojos a ésta, vas a concluir por hacerle aborrecible aquello mismo que tratamos de hacerle amable... y que tanto nos gusta a nosotras.

—¡Bah!..., ese no es caso de risa.

—¿Lo dudas?

—Es que no lo creo. Te ríes de mis despreocupaciones, como tú llamas a esta claridad que yo gasto, lo mismo en hechos que en dichos. ¡Como tú prefieres el sistema contrario!... Pues mira, yo no me río del tuyo, que te lleva al mismo fin que el mío: cuestión de temperamento y de gustos. Por eso no le predico a ésta las ventajas de tal o cual camino para ir a donde nosotras vamos: lo mejor es dejar a cada cual que marche por donde más llano lo vea.

—Estamos conformes—dijo Leticia con gran formalidad, probablemente forzada—. Pero sea o no caso de risa lo del cuadro que pintabas, es lo cierto que tanto puedes recargarle de color, que llegue ésta a mirarle con miedo.

—Por eso mismo—replicó Sagrario, golpeando a la aludida en un hombro con el abanico cerrado—, he comenzado por advertirla que se lo cuento para evitarle la sorpresa del hallazgo de ello; porque ha de saltarle a los ojos, más tarde o más temprano, eso que yo tengo por uno de los bocadillos más sabrosos de la mesa de nuestro mundo... ¡Caramba, y qué bien salió este parrafejo! ¿Si iré para literata sin notarlo?... Con franqueza, Beronic..., y perdona tú, Leticia, si hallas algo shocking la despreocupación: después del placer de ser codiciada de los hombres de buen gusto, no hay otro que más halague mi vanidad que el ser envidiada y aborrecida de las mujeres elegantes.

Con esta explosión de las ingenuidades de Sagrario, cuatro mordiscos de la lima sorda de Leticia, y media docena de comentarios de la neófita, no tan cortos de alcance como pudieron creer sus amigas, tomándolos en toda su apariencia, terminó aquella entrevista, que no la enseñó mucho más de lo que ella sabía o sospechaba.