—El que más temes, Nica.... y el que acaso mereces por castigo.
—¡Por castigo!... ¡Y me lo dices con una frescura como si tú no le merecieras más ejemplar todavía!
—¿Quién sabe si le estoy sufriendo ya!
—¡Tú!
—¿Crees posible que suceda lo que temo sin que resultemos castigados los dos?
—¡Siempre egoísta!... Vete, déjame en paz, y que suceda lo que Dios quiera.
—Esto significa que te espanta la verdad, y me alegro de ello.
—Di que me repugna en tus labios, y estarás en lo justo.
—Pero, al fin, siempre será verdad, y conviene que la reconozcas de vez en cuando.
*