Durante este tiempo hizo una visita a Luz. ¡Cómo iba completándose aquella criatura! ¡Con qué amor iba la naturaleza formando a la mujer sobre la armadura de la niña!

A Guzmán le gustaba mucho ver a la marquesa tan afanada en aquel esmero de policía doméstica.

—¿Te parece bastante?—solía preguntarle ella.

—Todavía no—respondíala él.

Y en eso estaban.

Un día, después de hacerle ella la misma pregunta, se quedó Guzmán pensando mucho la respuesta.

—Voy sospechando—le dijo la marquesa—que nunca te ha de parecer esta casa bastante purificada.

—¿Por qué?

—Porque eres hombre de buen olfato; y mientras estés tú en ella, siempre has de hallar tufo de peste. Es el único que anda ya por aquí... en cuanto tú vienes.

Sonriose Guzmán y respondió, poniéndose el sombrero para marcharse: