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»Todo cuanto sucedió en la tierra desde aquel momento infausto, ya no tuvo nombre ni valor alguno para mí. Nada de ello era mío: sólo me pertenecían las sangrientas y mortales llagas de mi corazón y las torturas de mi conciencia.
»La vida que me restaba no tenía otro destino que arrastrar la cruz que merecía; y a arrastrarla con valor consagré todas las fuerzas de mi espíritu.
»Y arrastrándola voy: a cuestas la llevo, ¿qué importa a nadie por dónde? Toda la tierra es Calvario para quien está dispuesto a sufrir dolores y afrentas.
»A ese fin van, y obra son de los impulsos de un alma atormentada y contrita estos apuntes que escribo para lanzarlos al mundo. No creería nunca bastante barrida de gusanos la conciencia, sin entregar los escándalos de mi vida a la abominación de todas las mujeres honradas.»