—Porque en cuanto desaparezca del todo, me será más fácil aborrecerte.

—Y ¿por qué deseas aborrecerme?

—Porque es de necesidad que yo te aborrezca.

—No será por el estorbo que te hago.

—Pero sobra con el daño que me has hecho.

—Es mayor el beneficio que me debes, si sabes utilizarle. Con que, en buena justicia, no puedes aborrecerme, aunque llegues a olvidarme.

—¡Eso sí que no es tan fácil, embustero, como lo ha sido para ti!

—¡Ojalá tuvieras razón!

—Pero no será el milagro obra mía.

—Y en este ejemplo, ¿qué más da el tronco que la rama? Todo es árbol.