—Justas y cabales: una corteza de roña, como que roña es lo único que ha pasao por ellas...
—En fin, dejemos esto, que no viene muy á pelo en la ocasión presente.
—Pero ¿en qué quedamos de lo otro?
Aquí se remontó de nuevo Marcones, que, por más que él quisiera aparentar cosa muy diferente, no había echado por mera chanza aquella zarpada hacia el supuesto gato de su tía, y respondió á la pregunta de ésta:
—En que no estoy en este instante para pensar en lo que no sea lo que tan loco me trae; que me voy, por de pronto, de esta maldecida casa, que así la abrase un rayo en cuanto yo salga de ella; que no quiero volver á Robleces mientras no pueda traer conmigo las plagas que le pido al demonio para castigo de ingratas y desalmados; que aborrezco en esta hora á toda la raza de Adán, y que he sido un bestia en andarme con finezas de caballero delante de la puerta cerrada, cuando pude haberme colado dentro, saltando como un ladrón por la ventana. ¡Y déjeme ahora que me largue por esos campos de Dios á desfogarme á mi gusto, y á tragar á borbotones el aire que necesito para no ahogarme de ira!
Y con esto, se caló el sombrero y echó á andar hacia la puerta, desde la cual se volvió de repente para decir á su tía, que continuaba mirándole y con los brazos cruzados:
—Ahí quedan seis plumas de acero, dos mangos de palo, una gramática, una aritmética, una geografía, una historia de España, dos catecismos, una historia sagrada... y cuatro novelas que, en mal hora, puse en manos de la muy desagradecida. Son objetos de mi propiedad, y los reclamo.
Y se fué dando un portazo feroz, que hizo estremecerse á la Galusa.
Ésta permaneció todavía unos momentos en la misma postura en que estaba antes de marcharse su sobrino; y dijo después entre dientes, clavando los ojos de rámila sarnosa en la puerta por donde Marcones había salido:
—Pos es la primera vez que saca á relocir, el gandulote, esa sonata... ¿Conque el gato mío, eh? No sé qué vientos le soplarán en mi muerte; pero lo que es en vida, no te has de relamber los morrazos ¡sinvergüenzón! con la puchera que pongas con él.