—Será lo que te paezca; pero así están las cosas, y así hay que tomarlas: á contrapelo. Ya lo sabes tú tan bien como yo. Lo que importa es no olvidarlo, porque en manos de ese hombre está el poco pan que tú y yo comemos. Por güenas ó malas artes, suyo es hasta el aire que alendamos aquí... y un pico más que mediano, que es la espina, Pedro Juan, la espina que nos ajuega. Á lo otro, ya estaba uno avezao; y con darle media cogecha al cabo de cada año, pagos y finiquitos juéramos, y en paz con el dimoño. ¡Pero esa espina!... Verás tú la cuenta: cuarenta duros jueron los emprestaos por él cuatro años hace; no ha pasao dende estonces una mala peseta de su mano á la mía; nusotros le damos cada año un güen qué de la ganancia de la pesca, y con too y con ello sube la trampa á más de sesenta duros á la hora presente, dispués de pagao por parte el total de rentas y aparcerías, por tierras, casa, embarcaciones y ganao. ¿Cómo puede ser esto, hombre de Dios? Loco me güelvo pa aclararlo; y él, con decirme que es motivao al réito y enseñame un papelón escripío de números y encareceme mucho esos favores, firmo el recibo que me pone por delante, ¡y arriba siempre la marea! Y conoce, Juan Pedro, que te roban, ¡y aguántate sin resollar palabra, por temor de que no te dejen de la noche á la mañana á las temperies de Dios, sin otro amparo que lo puesto!,.. ¿Te paece, Pedro Juan, que con estos caudales se puede echar roncas á... bribones como ese?... Hoy salió tal cual ayuda de la ré; en la de mañana y en la otra, sabe Dios lo que saldrá. Si el tiempo sigue al nordeste, iremos á la mar con la barquía, á la mojarra y á los durdos, de día ú de noche, según tercien otros trabajos; algo dará en su tiempo la ostra; y en las noches que se pueda salir de la barra en la otoñá, al anguilo otra vez ¡y quiera Dios que con mejor suerte que en esta última campaña de primavera!... Pos iremos comiendo de ello, hasta la cogecha del maíz, sin que se nos vaya la mano; y el sobrante, al pozo de ese hombre sin calo, pa que suba otro poco la marea de la trampa... Esto bien lo sabe él. Pos ¿á qué te va con esas cuentas, como si aquí las tuviéramos olvidás ó nos diéramos á la bribia, y no hubiera caído en sus manos lo que jué mío, por desgracias que Dios dispuso y trampas que me jué armando Satanás?
—¡Hay que matar eso, padre!
—¿Cuál, hijo?
—Esa trampa.
—¿Con qué?
—Con el ganao que sea nuestro: ya se lo he dicho más veces.
—¡Si no alcanza, bobo! Tamién te tengo ajustá esta cuenta. Las dos vacas son suyas; y en las dos novillas, no tenemos más que la metá: una novilla, vamos.
—Pos con esa novilla y lo que se le pueda arrimar de la pesca de too el año...
—La metá de la trampa; y ten por cierto, Pedro Juan, que si no la matas de un golpe, tanto le entregues á cuenta de ella, tanto pierdes.
—¿Por qué ha de ser eso, coles?