Pero ¿por dónde le hincaba el diente al asunto? Cabalmente era hombre que no servía para tanteos insidiosos: lo reconocía él mismo; le acosaban demasiado las impaciencias, y en seguida se le iba la burra.

Enfrascado en estos cálculos que le ponían nervioso, don Elías dejaba pasar el tiempo sin dirigir una sola palabra á Inés, la cual se extrañaba de aquella mudez en un hombre tan comunicativo y locuaz de ordinario. Reparaba también la hija de don Baltasar en la avidez cariñosa con que la contemplaba el médico, y en el desasosiego con que se revolvía en la silla; y haciéndole suma gracia todas aquellas cosas de don Elías, acabó por sonreirse sin apartar de él la mirada medio escondida entre los párpados, contraídos por unos frunces muy monos.

No sé si creía el médico de Robleces en el fluido magnético y en las corrientes simpáticas, ni si había oído hablar de ello siquiera en todos los días de su vida; pero lo que no tiene duda es que andando él en lo más empeñado de sus hipótesis y escarbando con la imaginación en los profundos de la mente de Inés, fué cuando ésta le sonrió; y tan preocupado estaba el hombre y tan aferrado á su idea, que en aquella sonrisa vió y oyó clara, clarísimamente, que le preguntaba Inés, así, en estas terminantes palabras:

—¿No es verdad, don Elías, que he hecho bien en negarme á eso?

Con lo que el iluso acabó de dispararse, y respondió en voz firme, acompañándose de un bastonazo en el suelo:

—¡Sí, señora!... ¡admirablemente! ¡perfectísimamente! ¡Y le está muy bien empleado al sin vergüenza!... ¡Y que vuelva por otra!...

—¡Pero, don Elías!...—exclamó Inés sobresaltada con aquel estallido del médico.

Despertó éste de su pesadilla con la exclamación de Inés, y se deshizo en excusas; pero sin arrepentirse de la «providencial» alucinación.

—Perdone usted, Inesita—la dijo.—Tengo la desgracia de interesarme demasiado por los negocios ajenos... pero también el don de leer claro donde el más lince no ve jota... Es el temperamento, créalo usted. ¡Á veces me arden allá dentro unas luces!... Y como sucede además que tengo la costumbre de soñar recio...

Y al mismo tiempo pensaba: