—El fallo del Consejo de Estado, enteramente contrario ...
—¡Demonio! ¿De cuándo acá?
—Desde esta mañana. Aquí está a la aprobación de S.E.
—¡Es preciso que se revoque ese fallo!
—No lo veo fácil.
—Pero yo lo veo necesario. Con él se perjudican los intereses de mi familia hasta un punto que usted no puede concebir.
—Todo eso está bien; pero ...
—No hay pero que valga.
—En fin, hable usted con el jefe, que, si quiere, mucho puede hacer.