Y ¡poder del egoísmo! Aun en aquella triste situación, pensaron, ante todo, en sacar la sardina con la mano del gato.
Nada diré del temple del arma que eligieron para tan ruda batalla. El lector va a conocerle, y dirá de él lo que mejor le parezca. Yo, mero historiador, a los hechos me atengo, y ésos voy a referirle.
Abríase, a la sazón, una campaña electoral para padres de la patria; y, según los sujetos de quienes vamos tratando, nada más eficaz contra la tormenta que les amenazaba, que enviar al Parlamento hombres de orden, de progreso racional, enemigos implacables de toda exageración, y ricos e independientes, por contera.
Pero, concretándose a aquella localidad, ¿quién, entre todos ellos, era bastante rico, bastante abnegado, bastante generoso, y aun bastante elocuente, para aceptar tamaño compromiso con buen éxito, y capaz de abandonar, sin partírsele el alma, la dirección de los propios negocios y las comodidades de su casa?
Ni siquiera se puso en tela de juicio: don Simón, y nadie más que él.
Una noche se le hizo la proposición en plena tertulia; y, francamente, no podía habérsele hecho otra que más le halagara. Quizá se anticipaban sus amigos a un deseo que le embriagaba el alma mucho tiempo hacía. No se olvide que don Simón se creyó siempre capaz de todo; y téngase presente que cuando llegó a la posición social en que ahora le hallamos, los límites de sus aspiraciones se perdieron de vista. Por lo demás, que en el fondo de su conciencia se creía agudo, elocuente, sutil y travieso, ya lo sabemos. ¿Cómo dudar que fué el primero en comprender que nadie era más digno de ejercer el cargo que quería confiársele? Pero se guardó muy bien de darlo a conocer.
Al contrario, hízose el pequeño y el indigno, y hasta pidió toda aquella noche para reflexionar.
Cuando volvió a su casa, llamó a su mujer y le dijo solemnemente:
—Juana: la patria reclama mi cooperación, y necesito hacer por ella el sacrificio de prestársela.
—¿Que la patria te reclama ..., qué?...—preguntó la oronda señora, dudando si la palabrilla se comía o se sembraba.