—¿Y te codearás con los ministros?

—Es de razón.

—¿Y viviremos en Madrid?

—Regularmente.

—¿Y nos publicarán en los papeles?

—Puede que sí.

—¿Y casaremos a Julieta con un embajador?

—No te diré que no, si a mano viene.

—¡Ajaá! Y con eso espantaremos de una vez tanto moscón como nos zumba aquí alreguedor de las talegas de tu hija.

—Ese será uno de los motivos que más me animen a llevaros conmigo.