—¡Es que se asegura mucho!

—¿Y qué?

—Que si realmente me la atacan, tales cosas podrán decir, aunque sean inventadas, que extravíen la opinión.

—¿Y para qué sirve la mayoría?

—No entiendo ...

—Fíjese usted bien. La comisión será nuestra.

—Bueno.

—Y presentará el acta entre las más limpias.

—Bien; pero luego la atacarán ...

—Corriente; y hablarán contra ella una hora, dos horas ..., ¡tres meses, si usted quiere!