—¡Canastos!
—Pero vendrá al cabo la votación, y como somos tantos contra tan pocos....
—¡Ah, ya!.. Pero como yo creía que al discutirse una cosa, para algo serviría esa discusión ...
—¡Medrado estaba el Gobierno entonces, amigo mío!... ¡Cómo se conoce que usted es nuevo en la casa!
—Todo eso es verdad; pero yo tendré que defenderme.
— ¡No, señor! Eso sería dar importancia a un asunto que no la tiene. La comisión se basta y se sobra para dejarle a usted en buen lugar.... Para que usted debute, ya le buscaremos un motivo verdaderamente digno de su carácter y de su talento.
—¡Oh!, mil y mil gracias, señor ministro—dijo don Simón cayéndosele la baba—; pero yo no merezco ese concepto ...
—¡Vaya si le merece usted!—replicó S.E. con una sonrisilla y un retintín que acabaron de emborrachar a don Simón; retintín y sonrisa que en aquel personaje y en aquella ocasión venían a significar un pensamiento que podía traducirse en estas palabras:—¡Qué hermoso suizo!
A todo esto, doña Juana y su hija Julieta, luciendo cada día un traje nuevo en paseos y espectáculos, no pasaban de ser, en espectáculos y paseos, dos señoras más, muy bien vestidas, lo cual halagaba poco la vanidad de la ex tabernera, que aspiraba a mayores triunfos.