—Ponlo más claro, si te paece.

—Pues el cateclismo.

—Me dejas como estaba. ¿Ónde se menean esas cosas?

—Por abajo, ¡muy abajo! Allá adentro, ¡muy adentro! ¡Boum! por acá. ¡Boum! por allá... hasta que, motivao al retingle, todo lo de arriba se viene á tierra.

—Mucho sabes, á lo que veo, y bien claro lo explicas; pero con todo y con ello, dígote yo tamién ahora que chanfaina pura.

—Como te paezca mejor; pero á lo que vengo, vengo.

—Tú dirás.

—Pues digo que vengo á pedir, por caridá de Dios y mandato que costa en este oficio de la autoridá competente, una limosna pa los enfelices que andan por aquellas tierras sin pan y sin abrigo, á la misma santimperie.

—Ésa es otra conversación, y me paece muy en su lugar. Hoy por ti, mañana por mí.

—Justo. ¿Y cuánto apurres?