Andando así las cosas, volvióse á la corte, como solía hacerlo de vez en cuando el pudiente señorón; y volviéndose á la corte, hizo allí una de las suyas, pero de las más sonadas; tanto, que al día subsiguiente ya había llegado el ruido hasta las cocinas de aquella aldea.

—Bien está eso—dijo un pardillo á otro que con él departía sobre el caso,—y visto es ya que si el sujeto ése pone empeño en sacar oro molido de los pedregales de la costa, oro molido sacará. Decís vusotros que tien los mengues en el pellejo... Pus yo vos digo que es el mesmo Pateta en cuerpo y alma; y vos digo más si á mano viene: vos digo que siendo lo que es y valiendo lo que él vale, no basta con sentirlo y conocerlo, como lo conocemos y lo sentimos nusotros, si nos lo callamos allá dentro, como nos lo hemos callao hasta aquí: la cortesía pide más al respetive; al cabo y postre, el sujeto es ya de casa, y como el otro que dijo, pertenencia de uno y tuya y mía.

—¿Á que distes en el mesmo clavo en que yo di no hace muchas horas?—respondió el oyente.

—No te diré que no—repuso el primer hablante.—¿Y qué clavo es ése?

—Pus el mesmo en que tamién han dao ya muchas gentes del lugar.

—Estipúlalo más claro y de una vez.

—Lo estipulo y digo: que cuando llegue el caso de tener á tiro á ese sujeto, se corresponda con él, si no al respetive de lo que es y de lo que se merece, tan siquiera de lo que nusotros semos y podemos; pos, como tú dices, de palabra callá y de obra enculta sólo Dios se entera; y el hombre que tiene un sentir honrao, debe decirle, porque si no lo dice, es como si no le tuviera. Y por lo que toca á ese pudiente, ya es hora de que nos conozca los sentires, pa que vea que no vive aquí en tierra de desagradecíos ni de melones.

—Ésa es la cosa, y á dar en ella tiraba yo cuando te dije lo que te dije. Con que entendíos, y no hay más que hablar por la presente.

De esta conversación nació una concejada que tuvo que ver. No faltó en ella un solo vecino. Puesto el punto en tela de juicio, y acordado de golpe y sin disputa que cada cual de los congregados acudiese «en su día» á casa del señorón para «rendirle homenaje», llegóse á tratar del cómo, y dijo un concurrente:

—Pos yo le llevaré, pinto el caso, dos aves de las mejores que tengo en el corral.