«Es muy de notarse que aunque viva el suegro y esté presente al acto, siempre se dirigen los novios á la suegra para que se les perdone, y el padrino cuando pide las arras para la novia.

«Á casa de los padres de ésta vuelve ahora la comitiva, con los cánticos, los relinchos y las salvas de rigor; y en cuanto llegan á ella, cantan las mozas de esta suerte:

Ábranse las puertas de oro
Y los candados de plata,
Que aquí viene don... Fulano
Con la su paloma blanca.

«Y se abren las puertas, que no suelen ser de oro ni tener candados de plata, y entran en la casa los novios, sus parientes y padrinos, y las mozas del acompañamiento. Allí les espera la mesa puesta y preparada la comida de bodas, que ha de presidir el señor Cura, y de la que no participarán entonces las cantadoras, las cuales se limitarán á presenciar el acto... y á cantarle.

«Cuando esta primera parte de él se da por terminada, se levanta el padre de la novia, y encarándose con ella y con su marido, los bendice por despedida en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; responden todos los presentes: «Amén»; y con esto y una breve exhortación del señor cura al despedirse también, queda la mesa abandonada por la gente grave. Entonces es cuando se arriman á ella las zagalonas de las panderetas; se llama á los mozos, que aún relinchan en la corralada, y comienza el verdadero jolgorio, que no termina hasta las altas horas de la noche, si antes no se rinden los comensales al peso de la hartura y al quebranto de los bailoteos, como suele acontecer».


Tal es mi ofrenda. Ya ves que, aunque mezquina, cae dentro de las exigencias del programa, y, además, ¡caso inaudito! te enseña algo que tú no sabías, con saber tanto como sabes. De todas suertes, y aun suponiendo que en mi mano estuviera ofrecerte cosa mejor, todo había de parecerme poco y malo al pensar en la magnitud y alteza de su destino.