—Di que nada, ¡cuartajo! si te paez. ¡Los hijos de un sobrino carnal de mi madre!...
—¡Pues digo!... ni un galgo le alcanza ya... De todas maneras, si usted no quiere...
—¿Yo?... ¡A buena parte vas con el reparo!... ¡Vaya que me gusta!... No, no, lo que es por mí...
—Además, no se trata de eso sólo, que debe verse de pasada...
—¿Jacia ónde?
—Hacia otra parte... a otro sitio a que yo quiero llevarle... porque esa expedición ha de hacerla don Marcelo conmigo. Necesitaremos dos días.
—¡Larga va a ser, trastajo!
—No mucho; pero como debemos hacer noche allá...
—Pues si pensabas guardar el secreto del parador, no me des más señas de él, porque ya le he conocido...
—Es posible... Y como ahora hay en Tablanca peste de salud para muchos días, si don Marcelo está conforme y usted nos da su permiso...