—Así fué al escomienzo; pero endimpués... ¡Paño!... ¿no lo he dicho ya cómo me iba entrando, entrando ello solo?
—¡Pues entonces, Cleto, entonces debió ser la retirada, sabiendo, como sabes, que entre el quinto piso y la bodega no puede haber amaños ni conciertos!... Pero vamos á ver, ¿sabe ella algo de lo que te pasa por los adentros?
—Yo no se lo he dicho.
—¿Lo sabe Mechelín?
—Ni jota.
—¿Lo sabe su mujer?
—Lo mesmo que el marido.
—¿Qué tal cara te ponen?
—Los viejos, tal cual; ella... me paice que no tan güena... ¡Paño! mejor se la pone á Muergo; y esto es lo que me desguarne.
—Y en vista de lo que me dices, ¿qué quieres que haga yo?