Volvieron á mirarse Mechelín y su mujer, y preguntó aquél á la niña:
—¿Y cuando te laven esa, que buena falta le hace ya?...
—Me estaré en la cama hasta que seque,—respondió Silda, encogiéndose de hombros.
—Pero ¿de qué conoces tú á ese lichón de Muergo?—preguntó la marinera.
—De allá abajo.
—Y ¿por qué me cuentas á mí que anda sin camisa y sin calzones?
—Porque me dijo Andrés que era sobrino de usté.
—¿Quién es Andrés?
—Un c...tintas, hijo del capitán de la Montañesa.
—¿Le conoces tú?