Pues ¿y cuando, durante la semana de su turno, presidía el teatro, desde aquel palco con colgaduras de terciopelo y oro, arrellanado en su sillón de seda, con sus policías de respeto detrás de la cortina del antepalco, y era dueño de enviar á la cárcel al primer caballerete que hiciera méritos para ello, y de complacer ó no á aquella muchedumbre de gentes principales, volviendo ó no volviendo cara abajo, sobre la barandilla del palco, el cartel de la función, para que se repitiera ó no se repitiera alguna parte de ella muy aplaudida por el público? ¿Qué mareante de Arriba no vió esto desde la cazuela alguna vez, ó no lo supo, siquiera, por relatos de los dichosos que lo habían visto?
Pero quizá diga algún boquirrubio de los de hogaño, imberbe aspirante á gobernador, si no á ministro, que ninguna de esas prerrogativas es cosa del otro jueves. Cierto; y bien sé yo que, por ver, se han visto, como dice Mesio, hasta sastres con reló; pero véngase acá ese boquirrubio; acérquese al Cabildo que yo le resucito ahora en el Paredón de la calle Alta; fíjese en aquel hombre atezado, áspero de barba, rudo de greña, cargado de espaldas, torpe de movimientos, abultado y velloso de manos, y no muy aventajado de calzones; que le diga yo, apuntando al hombre aquél: «ese es el que ha hecho todas esas cosas que á tí no te parecen del otro jueves;» y á ver si no hay motivo sobrado para que se asombre, y para que las personas del mismo pelaje del héroe, que le rodean, se juzguen diez codos por debajo de él. Que es á donde íbamos á parar con el propósito, aunque el camino haya sido algo más largo de lo conveniente á la impaciencia de los lectores boquirrubios.
Se reunía el Cabildo de Arriba:
Porque de un momento á otro iba á sacarse una leva; y sacándose una leva, había que socorrer con ciento cincuenta reales á cada matriculado de los comprendidos en ella, por orden riguroso de matrícula;
Porque el reparto de cuarenta reales por mareante cabeza de familia, y de diez por cada viuda, que debió haberse hecho en la semana anterior, á causa de no haber podido salir las lanchas á la mar en cerca de quince días de temporales, no se hizo en ocasión oportuna ni por completo;
Porque, de dos meses á aquella parte, había muchos descubiertos en el tesoro del Cabildo, á consecuencia de no haber ingresado en él todas las soldadas que semanalmente habían de ingresar, á razón de una por cada lancha de pesca ó de pasaje, [pinaza], barquía, etc...;
Porque el boticario del gremio había advertido que no admitiría nuevo asalareo, cuando terminara el vigente, si no se le daban cuarenta duros más al año, ó se asalariaba el Cabildo con otro médico que recetara menos;
Porque se acercaba el día de San Pedro, y urgía saber si, por la vez primera, desde tiempo inmemorial, dejaba el Cabildo de pagar el gasto de las fiestas, así religiosas como profanas: misa de tres, con música y sermón, y entre otras menudencias de rúbrica, novillo de cuerda y el tamborilero de la ciudad durante dos días y tres noches;
Porque había cinco enfermos socorridos por el Cabildo, que ni sanaban ni se morían;
Y, por último, y sobre todo, porque el tesorero se declaraba incapaz de acudir á tantas necesidades, si los que más gritaban por no cobrar á punto los socorros no pagaban lo que debían al tesoro, ó no se le autorizaba para meter mano á las reservas existentes para los grandes apuros y necesidades del gremio.