—No señor, los cogió allá.
—Yo creía que las escrófulas no se adquirían así tan de repente.
—Por eso decían los médicos, cabayero, que cuando las escrúfulas se cogen de golpe y a esa edad, ya no se sueltan; y a más a más se pegan.
—Ya me voy enterando.
—Como que mamá, que nunca las había tenido de joven, se fue a la sepultura llena de ellas... Pues verasté: y criándome yo tan delicadito, dijeron los médicos que necesitaba poco trabajo y mucho baño de mar. Por eso nunca pude ir al colegio; que, por lo demás, mi papá quería que yo estudiara para ingeniero. Pero papá era muy liberal, y murió en la Plaza de la Cebada... de un tiro, cuando la revolución del cincuenta y cuatro. Entonces mi mamá no pudo con el susto, se le metieron en el cuerpo las escrúfulas, y murió también. Quedándome yo huérfano y con pocos recursos, me dediqué a este arte, y con él voy viviendo, gracias a los baños de mar que tomo todos los veranos... ¿Quiere Vd. que le descañone?
—Haga Vd. todo lo de costumbre.
—Y Vd., cabayero, ¿no se da luego una vuelta por Madrí? Conocerá Vd. allí mucha gente.
—No tanta como Vd.
—¡Oh! yo conozco a todo el mundo... Sobre todo, artistas y literatos.
—¡Anda!