Si tenemos franqueza para tanto, y la preguntamos, deteniéndola en la calle, qué es aquello, nos responderá sorprendida:
—¿No le hace a Vd. gracia?
—Maldita.
—¡Oh! pues lo llevan mucho las de Cascajares; y en Madrid hace furor.
—¡Hola!
—¿No le gustan a Vd. esas chicas?
—¿Quiénes?
—Las de Cascajares.
—La verdad es que no me han llamado la atención...
—¡Oh! ¡pues son muy distinguidas!