me ritrovai per una selva oscura...?
Si el de moda es Goethe, porque se cantó en el Real una ópera cuyo argumento está tomado de su célebre poema, no hay más remedio que llamar Fausto a todo viejo galanteador y acicalado, Margarita a toda joven que suspira, y Mefistófeles a todo señor que tenga la nariz afilada, rasgada la boca, trigueña la color y zurda la mirada.
Si es Flotow el que priva, hay que saber, por lo menos, entonar a media voz, con los ojos fruncidos, las uñas clavadas en el pecho, y mucho arrastre de amargura, aquello de
¡Marta Marrrrrrrrrrta!
como nos cantaban en una ocasión todos los señoritos que venían de Madrid, empeñándose en que había uno de llorar oyéndolos, porque en el Real lloraba toda la gente cuando lo cantaban Talini... o Cualini, tenores de mucho sentimiento.
Cuando reinan estas epidemias en el pueblo, no hay más remedio que aguantarlas como mejor se pueda, y resignarse a exclamar en cada caso, siquiera por no hacerle más grave: ¡Admirable, magnífico, arrebatador!
Pues iba diciendo yo que para evocar estas reminiscencias, citar aquellos textos y cantar las otras ternezas, nadie como el amigo de quien vamos hablando.
No sé si he dicho, o ustedes lo han comprendido ya, que es literato, o que cree serlo.
Por de pronto, escribe quintillas en el arenal con la punta del bastón, y en la tertulia de la noche lee a las señoras tal cual balada tierna, o alusivo soneto.
Si hemos de creerle, conoce a todos los hombres de letras, y se tutea con los más talludos.