Aquí afuera hay demasiada gente también, y no debo permanecer entre ella estando tan triste como estoy. Me voy del Sardinero a buscar la soledad que me corresponde. «Estuvo aquí un instante (debe decir la gente mañana) muy afectado, y se retiró en seguida sin saludar a nadie...» Y habrá hasta quien crea que fui a los Pinares a levantarme la tapa de los sesos. ¡Magnífico! Esto me pondrá de moda.

Me vuelvo a la ciudad, a pie, por la Magdalena; y me ayudarán a conllevar las fatigas del camino mis tristezas. En marcha, pues.

IV.
OTRA VEZ EN SU CUARTO.

Resumen de mis meditaciones del camino: continuaré en Madrid la empresa malograda aquí. El destino me la arrebató soltera; yo haré que el diablo me la devuelva casada. (Desnudándose enfrente del espejo.) ¡Qué interesante me han puesto la pena y el cansancio!... Un amor contrariado con los correspondientes azares y escándalos, debe ser la ambición de todo hombre de mundo. La suerte quiere, por lo visto, que yo empiece por donde tantos calaveras han concluido. Cúmplase mi destino, y ¡adelante! Pero entre tanto, yo padezco y necesito distraerme. Me distraeré... abusando un poquito de mis ventajas... Esta noche al teatro; mañana al baile de campo con todos los recursos de mi hermosura, de mi distinción y de mi ropero. No me contentaré ya con la mirada y con la sonrisa; usaré también el billete perfumado, y luego el soborno, y después el escalamiento, y por último, hasta el rapto, y, si es preciso, la estocada... Comencemos por vestirme de serio... ¡Juro a Dios que no me detendrán en mi carrera ni lágrimas ni amenazas! Yo no he traído esta contrariedad fatal; yo no me he colocado por mi gusto en esta actitud que ha de dejar memoria eterna en Santander. No se me pregunte luego por qué dejo víctimas detrás de mí:

«Soy el león... perseguido

que sacude la melena.»

Y pues al cielo plugo hacerme sentir el fuego de una pasión, y arrebatarme el objeto que me la inspirara, de las cenizas que deje a mi paso esta llama abrasadora,

«responda el cielo, no yo.»

LAS DEL AÑO PASADO.