—¿Qué cosas?
—Por de pronto, aburrir a tus proporciones, y hacerlas creer que las desprecias; que es lo mismo que si las tiraras por la ventana... Ya ves cómo lo creyó aquel de quien nos hablabas ayer...
—¡Mira qué ganga!... Un simple catredático.
—Ya se ve, ¡como tienes otros adoradores de alto copete!
—No lo dirás por el comendante que me echó la carta por debajo de la puerta.
—Ya sabes tú que voy por más arriba.
—Por el Marqués de la esquina, ¿eh?
—¿Se llama así?
—No, pero vive a la esquina de la calle, dos puertas más abajo que nosotros..., como vive un Duque tres puertas más arriba, y un Marqués enfrente.
—De modo que en tu calle todos sois personajes.