—Corta,—dijo la adivina presentando la baraja.

Fonsa, temblando como un azogado, hizo de la baraja dos montones.

—Se me figura que voy á decirte algo bueno, guapa moza—murmuró la mujerona reuniendo la baraja.—Y cuidado que lo que yo digo se cumple como el Evangelio; y aquí está tu amiga que no me dejará mentirosa. ¿Eh?

—No, señora, no; ya la he dicho que todo se me cumplió al respetive de lo prometido.

—Es que yo no soy como esas embaucadoras de tres al cuarto, que andan por la plaza engañando á las inocentes con una mala baraja sin virtud. Yo puedo decir con vanidad y con orgullo, que heredé estas cartas de una adivina que las compró á costa de su alma, en una noche de truenos, á un espíritu que se le metió por la chimenea.

Fonsa, al oir esto, pensó que la tragaba la tierra; cerró los ojos, y admiró á aquel monstruo que tales armas usaba.

—Y ahora que sabes—añadió la adivina,—lo que puedo, guárdate muy bien de no poner en planta mis consejos, pues no te perdonaría Dios si los desecharas.

Tras esto, y cuando conoció que Fonsa estaba completamente fascinada y aturdida y dispuesta á dudar, antes que de su poder, de la misericordia de Dios, comenzó á tender las cartas en la mesa y á hacer sobre ellas, á medida que iban saliendo de la baraja, comentarios de este jaez:

—Oros arriba, bastos abajo: ni bueno ni malo. Oros, más oros; copas boca abajo: tú tienes deseos. Rey de copas: de lo que no está á tus alcances. Oros otra vez, el as: dinero te hace falta. Otro rey con túnica: vestido apeteces. Espadas ahora: por la guerra. No, que salen bastos, por la aldea: trabajos en ella; no te convienen. Más oros todavía: tendrás el vestido. Más oros, la sota... y muchas galas y primores. El caballo detrás: un caballero se prendará de tí que te llenará de riquezas. Sota de copas: una mujer barrunta, morena de color. Bastos atravesados: sin fuerza ni poder. Más oros: la fortuna te persigue. Cinco y cuatro nueve, y siete diez y seis, y trece de los lados veintinueve... y ahora la sota de bastos: joven será y con bastón. Más oros: rico otra vez.

Y así prosiguió hasta que se acabó la baraja. Volvió en seguida á reunirla y tornó á desparramarla acompañándose con la propia jerga, y así continuó hasta tres veces.