—Pus, ojo, que allá va uno que nunca habéis oído.
Atención general.
—Amigos de Dios...
Una palabra, con permiso de Tanasio. Reproduzco íntegra su narración, porque el estilo de los cuentos populares de la Montaña tiene un sabor especialísimo de localidad que yo debo dar á conocer.
Oigan ustedes ahora á Tanasio.
—Amigos de Dios: éste era un pastor de tierra de gentiles; y siendo un pastor...
—¿Qué son gentiles?—pregunta Pólito.
—Pus gentiles—responde Tanasio algo apurado, mirando á Cencio,—gentiles, á mi modo de ver, deben ser, así, como quien dice... ¿no es verdá, Cencio?... ¿Á que Cencío lo sabe también?
Y Cencio, con aire de la más hinchada importancia, encaja sin pararse en barras la siguiente explicación:
—Gentiles es bien sabido que son unos vivientes que viven en islas acuáticas, y son gigantes muy rebustos de fegura corporal... y no tienen iglesias ni tampoco señores curas, y se comen los unos á los otros, si á mano viene.