—Vaya, vos lo pondré más claro: moli, moli, moli...

Dos voces:

—Molinero.

—Cerca andáis.

Toda la hila á coro:

—¡Molino!... ¡El molino!

—¡Hombre! ¡qué gracia!

—Pus no me sastiface—protesta Pólito,—porque al molino se llega en cuatro zancás, y tú has dicho que nunca se llega á Miranda.

—¡Virgen, qué caráiter de riflisión que tiene este hombre! He dicho: «Anda, anda y nunca llega á Miranda». ¿No está el molino rueda que rueda todo el santo día de Dios sin moverse de un sitio?

—Sí que lo está.