—Pus los de Ingalaterra por un lao, y por el otro los ensalzaos[11] que quieren cerrar toas las iglesias.
—¡El Señor nos libre de ello, amén!—exclaman, santiguándose, las mujeres.
—Toma, como que diz que el Papa Santo de Roma ha tenío que salir un día al balcón á echar un pedrique á una porrá de herejes que ya estaban apedreándole los cristales del palacio.
—¡María Santísima!
—¡Mucho hereje, mucho, paez que hay por ese mundo!
—¿Y al auto de qué ha pedío combate el francés?
—Pus al auto de lo que vos he dicho.
—Pero ¿contra quién va?
—Contra los ensalzaos.
—Yo pensé—dice el Polido,—que el francés era hereje.