Teresa, á quien ahogaban los sollozos, no pudiendo contenerse más, avanzó hasta el lecho, y cogiendo entre las suyas las manos de la anciana, exclamó besándoselas al propio tiempo:

—Y yo que tanto la he ofendido á usté, ¿cómo he de esperar que me perdone?

—Hija mía—respondió la moribunda,—si Dios murió por salvar á los que le crucificaban, ¿cómo yo, miserable criatura... no he de perdonarte la falta... de haberme querido mal... porque creías... que así obrabas bien?...

Lo patético de este cuadro conmovía á todos. Felipe, aquel fachendoso que oía la misa de pie en el altar mayor, atusándose el pelo y mirando á las muchachas, clavaba sus rodillas en el suelo, y su vista, turbada por el llanto, en el Crucifijo. El mismo Gorio se mordía los labios, como si en su obstinada dureza quisiera protestar contra los impulsos de su corazón; retiraba de su frente los ásperos mechones de su salvaje cabellera, y se afanaba por ocultar con disimulo debajo de la chaqueta las manchas de vino que afrentaban su camisa. Era la primera vez que sentía asco y repugnancia de sus propios vicios.

El sacerdote, con la Hostia en la mano, brillando en sus ojos las lágrimas como perlas de purísimo rocío al reflejo de la luz que levantaba Felipe en un brazo trémulo, tenía en su semblante algo de sobrehumano, poseído como estaba de la sublime grandeza de su augusto ministerio; más sublime entonces que nunca; entonces, al dar la vida espiritual á un moribundo y acabando de convertir en suave y benéfico rocío de amorosas lágrimas un torrente de malas pasiones.


Después de comulgar, la anciana pasó algunos minutos en el recogimiento más profundo, observándose en su semblante, cada vez más determinados, los signos de la muerte.

El cura volvió á aproximarse á ella, dirigiéndola fervorosas exhortaciones.

—No me acerco á Dios—dijo la moribunda con voz cada vez más débil, pero con evidente deseo de ser oída de los circunstantes;—no me acerco á Dios... con la serenidad del justo... pero sí con la esperanza del que... no le ha ofendido... ni con blasfemias... ni con difamaciones... ni con escándalos... No estoy... tan firme... que no tiemble... cerca ya... de la divina presencia... porque pecadora soy... pero... ¡bendito sea el Señor... por tanta gracia!... libre me veo... del espantoso... tormento... que pasar deben... en este mismo trance... los que dejan... en el mundo... por señal... de sus vicios... hijos sin pan... familias sin sosiego... vidas sin honra... ¡Dios mío!... perdón para... ellos... y para... mí... también...

Y espiró.