[3] Miruella se llama en la Montaña á la hembra del mirlo.
[4] Dar el Señor á algún enfermo.
[5] En las casas muy pobres de la Montaña se observa esta costumbre con tan santo fin.
LOS CHICOS DE LA CALLE
I
Los seres que con este nombre se designan vulgarmente en Santander, tienen más de seis años y no pasan de doce; andan en bandadas, como los gorriones, y, como éstos, son dañinos y objeto de la general antipatía.
Usan un remendado pantalón de indefinible género, una camisa que siempre es vieja, y á las veces blusa: nada de zapatos y muy poco de gorra.
Son alumnos de la escuela de balde; y aunque concurren á ella dos ó, á lo sumo, tres veces al mes, llevan siempre al costado, y pendiente de un hiladillo azul, una cartera ó bolsa de lienzo manchada de tinta, que contiene un Amigo de los niños; una pluma reseca y abierta de puntos; un pliego de papel rayado para planas de segunda ó, cuando más, de cuarta, la mitad de ellas en blanco y la otra mitad escritas, todas éstas corregidas por el maestro con la calificación de «pésimo» entre unas cuantas crucecitas que significan otros tantos palmetazos, ya cobrados; y, por último, un cuaderno, de hechura casera, para cuentas, con forro de papel de estraza.
El destino de estas criaturas es vivir al aire libre, fijarse en todo cuanto ven, atropellar lo más respetable, atravesarse donde más estorban... hacer, en fin, todo lo contrario de lo que conviene á los demás.