El poeta amatorio por excelencia en lengua «euzkera» fué sin duda Vilinch (Indalecio Bizcarrondo). Estaba muy influído por la literatura castellana de su tiempo, principalmente por Bécquer. Sus numerosas poesías hiciéronse muy populares. Corrían de boca en boca; las cantaban los ciegos en la plaza de la Brecha, de San Sebastián, y las criadas de servicio, como los jóvenes de veinte años, encontraron en aquellos versos la parte de sentimentalismo erótico que toda mocedad exige.

Una de las poesías de Vilinch se ha hecho célebre, y ahora mismo es una de las que siempre se cantan con prioridad en todos los finales de merienda. Dice así la canción:

Ume eder bat icusi nuben
Donostiaco calean;
itz erdicho bat ari ezan gabe
¿nola pasatu parían?

Gorputza zuben liraña eta
oñaz zebiltzen aidian;
polita goric estet icusi
nere beguiyen aurrían.

Si reducimos estos versos a una traducción directa, no hallaremos más que lo siguiente:

«Una vez vi pasar una hermosa joven—por las calles de San Sebastián;—sin decirle siquiera media palabrita—¿cómo cruzaría yo a su lado?—Tenía el cuerpo esbelto—y llevaba los pies en el aire;—otra más bonita no he visto—delante de mis ojos.....»

Es poco, seguramente; pero en esa nimiedad alienta un algo de sencillo, de tímido, de «ternura ignorante», que nos conmueve. Además, la música está ahí para valorizar la emoción. Aunque, con demasiada frecuencia, la música vascongada suele ir unida al verso en un maridaje verdaderamente monstruoso. A veces un canto dolorido y sentimental, hondo y patético, sirve para acompañar a unos versos que ensalzan las virtudes del vino; otras veces van unos versos vulgares y chocarreros unidos a una tonada briosa y vehemente.

Hay, por ejemplo, una música anónima, de indudable antigüedad, cuyo ritmo parece pedir la ayuda de los romances heroicos o narrativos. Tiene un sonsonete monótono, apto para la narración trágica. No obstante, ese curioso motivo musical se acopla a los ridículos versos siguientes:

Andre Madalén, andre Madalén,
laurden erdi bat oliyó;
aita jornalac artzen badi tu,
ama pagatuco diyó.

«Señora Magdalena, señora Magdalena,—medio cuarterón de aceite:—si padre cobra los jornales,—madre le pagará a usted.....»