¡Qué tentación para las almas aventureras, ver entrar estas naves henchidas de oro, de gloria y de frutos desconocidos!...

Pero estas naves que volvían eran necesarias para la obra de civilización que los españoles se habían impuesto a la faz del mundo. Cada nave en retorno, cada caja de oro que se descargaba en el muelle servía de gancho, y ningún sargento inglés ha podido nunca usar mejores arbitrios para la recluta de soldados como aquellas flotas índicas. Y los reclutas marchaban. Iban los artesanos y los mercaderes, los evangelistas y los educadores, los mozos de valiente ánimo, los soldados; y entre todos, y bien rápidamente, consumaban la obra gigantesca.

En una relación de los buques que parten y tornan en la ruta de las Indias, hallo para el año 1504 tres naves salidas... y ninguna entrada. Cuatro años más tarde salen de Sevilla 46 y entran 21. El año 1520 salen 71 y tornan 37. En 1549 hay una cifra respetable: 101 naves salidas y 75 entradas. Hay siempre una desproporción bastante grave entre los barcos que van y los que vuelven. ¡La obra de América no se ha realizado sin enormes y desgarradores sacrificios!

Entre las relaciones demasiado crudas de los ingresos, quintos y rentas de oro, no faltan verdaderas notas galantes, sensibles y caballerescas, como aquel inciso que dice: «Tres talegones de perlas enviadas a S. A.» O aquel otro todavía más galante: «Seis onzas de pedrería que se compraron para la reina...»

CAPÍTULO IX
EL VALOR

EL descubrimiento, conquista y colonización de América son el fruto del genio español. Pero el genio por sí solo resulta insuficiente si la obra exige una voluntad heroica, y la empresa de las Indias se hubiera, en efecto, retardado o mal cumplido de no intervenir desde el primer momento la ráfaga valerosa, el ímpetu y el valor español.

Algunos historiadores, arrastrados por su sordidez objecionista, han pretendido disminuir en lo posible la hazaña de América con capciosos distingos. Una de estas objeciones consiste en suponer que los indios americanos carecían de armas convenientes y de un valor militar experimentado o bastante estratégico; en cambio adjudican a los españoles el poder y el enorme predominio del arte militar europeo: cañones, arcabuces, caballos, imponentes baterías.

Hay aquí una ficción que interesa desvanecer.