TOLEDO.
La Semana Santa.—Por la orilla del Tajo.—Topografía de Toledo; su origen.—La Catedral y otros monumentos religiosos.—El Alcázar. —Condicion social de los toledanos.
La Semana Santa habia empezado, y era el momento mas oportuno de hacer una visita á la «imperial Toledo», la antigua capital de un reino morisco, y de la monarquía española hasta principios del reinado de Felipe II. Aunque en España todas las grandes capitales celebran con bastante pompa la Semana Santa, Sevilla, Toledo y Madrid llaman en esos dias principalmente la atencion.
Sevilla descuella, como una segunda Roma, haciendo prodigios de ostentacion en que las apariencias de lo religioso se confunden con las realidades pasajeras de lo mundanal, y la fiesta católica se completa con una inmensa feria, donde se reune cuanto tiene la Andalucía de mas rico, de mas original y característico. De todos los puntos de España afluyen los extranjeros, los meros paseantes y los especuladores ó tratantes, á divertirse, curiosear ó negociar en la gran ciudad andaluza.
Madrid solo brilla los juéves y viérnes santos por su lujo exorbitante en los atavíos de las gentes, las ceremonias cortesanas y dos procesiones muy sencillas por su tren, pero que llaman mucho la atencion por la suntuosidad de los cortejos que las acompañan bajo la presidencia personal de la reina y su consorte.
Por lo que hace á Toledo, ella ha sido siempre el punto de reunion de todas las gentes no cortesanas que gustan de los grandes espectáculos religiosos y de la contemplacion de monumentos en todo el territorio de la Nueva Castilla. Actualmente la afluencia de forasteros es mucho mayor en Toledo, durante la Semana Santa, con motivo del ferrocarril ya establecido, que liga á Aranjuez con aquella ciudad ofreciendo muchas comodidades á los madrileños. Esa circunstancia ha hecho surgir en Toledo nuevas necesidades, entre otras la de crear fondas y multiplicar las posadas, á fin de dar alojamiento á los muchos viajeros que van á ver las maravillas ó al menos curiosidades de aquella singular ciudad.
El tren partió de Madrid, pasó rápidamente por delante de Getafe, Pinto, Valdemoro y Cien-pozuelos, poblaciones sin gracia ni particularidad alguna, con un total de 10,600 habitantes; tocó en Aranjuez, y luego, apartándose de la línea férrea que conduce al puerto de Alicante en el Mediterráneo, tomó la ramificacion parcial de Toledo, que arranca adelante de Castillejo, pasando por Algodor, estacion aislada que sirve de embarcadero á trece pequeños peublos circunvecinos, mas ó ménos apartados de la via.
Desde Aranjuez hasta Toledo el paisaje es encantador, porque el ferrocarril sigue el valle del Tajo, sobre la orilla izquierda, aproximándose muchas veces hasta tocar casi en las playas del perezoso rio. De un lado se ven, como bajos estribos ondulosos de los Montes de Toledo, graciosas colinas de seno granítico y superficie arenosa y arcillosa, absolutamente desnudas de vegetacion natural, pero cubiertas de sementeras de cereales, de pequeños olivares y viñedos, en los puntos ménos estériles; en tanto que sobre las ásperas lomas ó los campos muy desiguales y agrios pacen algunos rebaños do ovejas ó de vacas, cuyos grupos contrastan en el horizonte con los picachos rocallosos que de trecho en trecho se alzan sobre los lomos de las mas altas colinas.
Del otro lado se extiende una doble faja verde y luciente, llana y de anchura desigual, humedecida por el Tajo, que contrasta mas notablemente, por su rica vegetacion y su pintoresca alegria, con las desnudas colinas y campos arenosos de que acabo de hablar. Bosques de álamos blancos y de muchos árboles gigantescos se suceden, alternando á veces con hermosas praderas, donde saltan y retozan los magníficos potros, las lustrosas vacas y las robustas ovejas de las crias escogidas pertenecientes al patrimonio real, ó á varios propietarios que poseen terrenos en las márgenes ó vegas del Tajo. En algunos puntos, en todo el trayecto hasta Toledo, se ven ricas plantaciones de hortalizas; y donde quiera reina una humedad vivificante para la vegetacion, pero funesta para la poblacion por las fiebres intermitentes que en algunos meses producen los derrames del Tajo, que carece de un lecho bien determinado y hondo.
El ferrocarril se detiene en la vega del Tajo, al pié de la eminencia que sirve de asiento á Toledo, como á un kilómetro de la ciudad. Allí hay que tomar una especie de coche-diligencia, todavía rudimentario, circunstancia muy embarazosa cuando hay muchos viajeros. Cuando llegué á la estacion llovia á torrentes, y no había ómnibus en que hacer el trayecto hasta el centro de Toledo. Estuve á punto de volverme de allí nomas á Madrid, y sin la generosa obsequiosidad de un caballero español que me dió un asiento en su carruaje particular, no habría podido escalar la cima de la imperial y pobrísima y atrasadísima Toledo.