Cada una de aquellas poblaciones es un término medio entre las ruinas, el cementerio y la cloaca, donde reinan la miseria, la inanicion, la estúpida vagancia, la supersticion, la envidia y el hambre…. Es doloroso y repugnante ver cómo se insultan y maltratan mútuamente aquellos innumerables mendigos, de todos sexos y edades, disputándose los viajeros como presas de campaña,—medio cubiertos de horribles harapos, cuyo aspecto es doblemente triste por la tinta amarillenta de las telas de lana que sirven de vestido comun.
¿Cómo explicar esa espantosa miseria y esa inmobilidad de tantas poblaciones en el seno de vastísimas campiñas de una fertilidad prodigiosa? El aislamiento, los malos ejemplos y las malas instituciones lo explican todo. Los conventos, haciendo de la ociosidad y la mendicidad costumbres venerables á los ojos de la muchedumbre ignorante y supersticiosa, han degradado en todos sentidos á esos pueblos tan favorecidos por la naturaleza en algunas cosas. En cuanto al Gobierno, debo repetir la frase que en otro lugar he emitido. «Él ha hecho el papel del perro del hortelano.» Partiendo de la idea del monopolio y la centralizacion, ha querido reglamentarlo todo. Impotente, no ha hecho nada; egoista, no ha dejado hacer; amigo del aislamiento, ha cerrado la puerta á las comunicaciones. La Mancha ha podido ser muy rica y feliz con solo dar salida al enorme producto de sus tierras, casi espontáneo, en cereales principalmente, y en vinos, aceite, lanas y otros artículos. Pero enclavada entre serranías, sin caminos, sin libertad de cambio ni de industria, y viciada la poblacion por hábitos de ociosidad y obediencia pasiva, la vida de la Mancha (si la vegetacion puede llamarse vida) se ha concentrado en las ciudades y villas. Así, los campos han quedado desiertos, sin casas, ni árboles, ni irrigacion; y en las poblaciones se ha perpetuado la miseria por la concentracion de brazos ociosos.
Y esa concentracion, que se nota en las dos Castillas principalmente, ha sido, á su turno, la causa de la persistencia de los malos gobiernos. El hombre del campo es, en lo general, el mas independiente, en igualdad de circunstancias, ya por la vida que lleva y el influjo de la naturaleza que le rodea, ya porque la accion de la autoridad le alcanza ménos. Concentrada la poblacion en las ciudades y villas, no solo se acaba la vida entre pueblo y pueblo, sino que, siendo mas inmediato y activo el peso de la autoridad sobre muchedumbres ignorantes y abyectas, la obediencia pasiva las amolda á toda tiranía, las degrada del todo, y la centralizacion absoluta se hace mas fácil de establecer y mas durable. Creo haber encontrado la clave de casi todos los fenómenos sociales que distinguen á las Castillas de la España catalana, morisca y vascongada, en esa diferencia sustancial que se nota en la manera en que la poblacion se ha concentrado ó distribuido.
Una vez cruzada la serranía de los Montes de Toledo, dejando atras, al norte, la grande hoya del Tajo, el vasto panorama parecia ser el mismo, porque hay una singular semejanza entre esa hoya y la del Guadiana. Yendo á todo trote, veíamos á lo léjos distintamente con el auxilio del anteojo, sobre una eminencia, recostada á un contrafuerte de la serranía que acabábamos de cortar, la antiquísima ciudad de Consuegra, de unos 9,000 habitantes (perteneciente á la provincia de Toledo); allí quedan aún los restos de grandes obras romanas, y se destacan sobre una colina abrupta los escombros de un antiguo castillo que pasa por ser obra de Trajano. Pásase luego por la villa de Madridejas, que cuenta unos 7,000 habitantes, y cuyo tipo no requiere descripcion, porque en la Mancha todo es uniforme. Despues de esa villa termina la provincia toledana y comienza adelante la de Ciudad-Real, que tiene su límite meridional en el centro de la Sierra-Morena.
Vense á la izquierda de la via los pobres pueblos de Herencia y Camuñas; cortase la garganta montuosa llamada Puerto-Lapiche, donde vegetan entre colinas rocallosas unos quinientos paisanos de Sancho Panza; se cruza la triste comarca de Villalta, donde chapotean como patos solitarios otros 227 manchegos, entre lagunas sin desagüe; y en la mitad de una fértil pero mal cultivada llanura se da con Manzanares, villa importante, que tiene algunas huertas en sus egidos, pero que produce sinembargo ménos manzanas que mendigos. Eran ya las diez de la noche cuando llegamos, hambrientos y molidos, á la ilustre Valdepeñas, ilustre por sus vinos populares, que no por otra cosa. Cualquiera podría pensar que los 10,800 habitantes de ese valle-de-peñas vivirían medio achispados, tomando el gusto á sus pipas y haciendo de cada bodegon una Cápua. Nada de eso en España los pueblos que beben ménos vino son los que mas lo producen; su sobriedad es singular, y casi todos prefieren el uso de aguas de mala calidad.
La mesa estaba servida en el parador de las diligencias, y hacia los honores una hostelera de mal humor, término medio entre doña Dulcinea y Maritornes, que nos abrumó con gallinas y perdices compuestas de todos los modos imaginables, y los consabidos garbanzos cocidos, tan sólidos como piedras de macadamizar. Allí bebí el peor vino de Valdepeñas que encontrara en España, «En casa del herrero azada de palo». Con excepcion de las grandes ciudades, donde en algunos hoteles ó fondas se sirve con gusto, España es un país donde la mesa es una cuestion de cantidad mas bien que de calidad. Aquel es un pueblo sobrio y frugal, y sinembargo el gusto de los hosteleros consiste en aglomerar montones de platos, sin orden ni discernimiento, como si solo se tratara de hartar al huésped ó viajero. De ahí resulta muchas veces el efecto contrario, porque muchos platos no son sino ediciones distintas del primero que entra en la escena gastronómica.
No habíamos acabado de limpiarnos la boca cuando el implacable Mayoral nos llamó á la diligencia. Era preciso hacer la digestion á saltos, despues de haber comido en abreviatura bajo el régimen gallináceo ¡Imposible dormir en aquella cueva que se llama berlina, tieso como estaca y sacudido atrozmente por el armatoste que, tiene por piloto al Mayoral! Pasamos por Santa-Cruz-de-Mudela, poblacion de 5,500 almas, silenciosa como una tumba, entre las sombras de la noche; y al tocar en Almuradiel (con unos 600 habitantes) comenzamos á trepar las encrucijadas de la Sierra-Morena, donde por tanto tiempo tuvo sus altares el dios Caco, entre desfiladeros horribles y formidables peñascos de granito. Aquellos tiempos han pasado enteramente; el salteador de estilo heróico ha cerrado sus estudios en casi toda la península española, y su herencia ha sido recogida en las ciudades por hijos mas distinguidos y civilizados. Sierra-Morena está mas tranquila que una iglesia cerrada, y los que ejercian su industria allí han sido desbancados por Ministros de Estado, jugadores de Bolsa, contrabandistas aristocráticos, canónigos vendedores de bulas, diputados y otros personajes ilustres y de intachable honorabilidad, que persiguen con rigor y energía el vicio, la vagancia, el delito…y el dinero.
Nada mas grandiosamente vago, romántico y solemne que la escena que se ofrece á los ojos del viajero en el centro de Sierra-Morena, en el silencio de la noche y sin luna. La diligencia rueda con estrépito por calzadas construidas á pico á orillas de estupendos precipicios, produciendo en los senos oscuros de las montañas mil ecos diferentes. Los enormes cerros de granito, desnudos, abruptos, despedazados á veces, entrelazados en laberinto, separados por abismos profundos y espantosos, destacando acá y allá picos, y conos, y cúpulas y moles gigantescas, cubiertos en partes de tristes matorrales, de blancas flores y de musgo y helechos; las sombras y los claros que se proyectan, segun las inflexiones del terreno; el frio de la noche; el ruido de los torrentes en las profundidades; la soledad medrosa de aquellos parajes que parecen guaridas de bandidos ó de fieras y aves de rapiña: todo eso le da á la escena los mas sombríos caractéres y un interes extraordinario.
Al ver aquellas formidables barreras de granito se comprende la tenaz y secular resistencia de las dos razas que lucharon durante ocho siglos, apoyándose y defendiéndose una y otra con el poder de la naturaleza y disputando el terreno palmo á palmo, en las gargantas estrechas de las serranías. Así mismo, al observarlas se encuentra alguna excusa (aunque sofística) al régimen de aislamiento que por tantos siglos ha predominado en España.
La Mancha habia terminado, y en nuestra via habíamos tocado, despues de Tembleque, con una poblacion total de 34,500 habitantes aglomerados en siete localidades[3]. Ya habíamos pasado las horribles gargantas de Despeña-perros(!!); el alba iba á empezar á difundir su vaga claridad. Rendidos de sueño y de cansancio dormitábamos ya, en una especie de pesadilla y de sopor, cuando se abrió el horizonte al mediodía. La hermosa Andalucía, el país del amor y del arte, de la fecundidad y del trabajo, comenzaba en las alturas de Santa-Elena.